La característica esencial, y que distingue a este evento plástico de otros que se realizan en la ciudad, es su carácter integrador. A través de una convocatoria libre se permite la participación tanto de artistas consagrados que realizan una producción constante de obras, como de aquellos que recién comienzan en el oficio e, incluso, de quienes sólo se consideran aficionados o mantienen una actividad artística como pasatiempo.
El Salón de Otoño permite que jóvenes que no pueden acceder a galerías o espacios para exponer sus obras en forma individual, tengan la oportunidad de darse a conocer e integrarse al segmento más profesional de las artes visuales valdivianas.
Aunque hay quienes no comparten la idea de que jóvenes que se inician en la plástica y los aficionados ocupen el mismo espacio que aquellos que ya han alcanzado cierta trayectoria y gozan de un reconocimiento, lo cierto es que gracias a su carácter integrador el Salón de Otoño ha permitido un descubrimiento de talentos. Una muestra de aquello es el nacimiento de la denominada “generación de relevo”, compuesta por jóvenes artistas valdivianos, muchos de los cuales partieron exponiendo en el Salón de Otoño.