Algunos lo llaman el “Valdivia y su Río” de invierno. Pero, hay una gran diferencia. Lejos de tratarse de un certamen competitivo, en el Salón de Otoño organizado por la Corporación Cultural Municipal de Valdivia no hay jurados ni premios, sólo una muestra diversa del trabajo artístico que realizan los habitantes de la “ciudad de los ríos”.
Las áreas consideradas dentro de la muestra son pintura, fotografía, grabado, dibujo, cerámica y escultura. El número de obras por exponente es reducido con el fin de permitir la presencia de la mayor cantidad de personas. Las obras se exhiben en la Sala Ainilebu.
Esta gran colectiva constituye una muestra heterogénea, dada la pluralidad temática y estilística de las propuestas elaboradas por profesionales y aficionados del arte, pudiendo ir desde las más tradicionales hasta las más innovadoras propuestas. Es en este sentido que el Salón de Otoño se alza como una vitrina que permite al público visitante apreciar el estado de la plástica local, la cantidad de creadores, la calidad de las obras y las tendencias creativas de la ciudad.
Además de su diversidad, el evento sobresale como el de mayor duración –casi un mes- y de más amplia convocatoria presente en la oferta cultural fuera de temporada estival.
Un hecho que no ha pasado desapercibido durante los últimos años es la creciente participación en el Salón de Otoño de conjuntos de miembros de talleres y agrupaciones artísticas. Si bien la convocatoria es libre y cualquiera puede formar parte del evento en forma independiente, parece ser que hacerlo apoyados en la presencia grupal aumenta la seguridad. A su vez, el espectador puede apreciar la orientación del grupo y sus grados de avance de un año a otro.
En el escenario de la mentada falta de espacios para la exhibición del arte, el Salón de Otoño es visto como una oportunidad de difusión, pero sin los miedos de la exposición individual o las complicaciones de conseguir una sala para una exposición colectiva.