Pintura y diversión

Cada versión de “Valdivia y su río” comienza con la inscripción de los pintores que provienen de regiones tan apartadas como Córdoba en Argentina o Puerto Natales en el sur de Chile. Las telas en blanco son timbradas por la organización del concurso para garantizar que las obras se realicen in situ. De ahí en adelante, y durante cinco días, los artistas se ubican en diferentes sectores de la ciudad para dar vida a sus creaciones, pudiendo ser visitados por el jurado en cualquier momento.


Muchos jóvenes, algunos estudiantes de artes, otros autodidactas, consagrados y también aficionados, arriban seducidos por la bien sabida belleza de la ciudad anfitriona y el desafío de pintarla in situ. 


Durante los días que dura el certamen, el arte se vuelca a la ciudad que, pese a sus indudables encantos, parece brillar más que nunca por estos días. Sus calles, la Feria Fluvial, el puente Pedro de Valdivia, Niebla, la costanera y su publicitado río Calle-Calle –aquel donde según la canción de Luis Aguirre Pinto se baña la luna- aparecen una y otra vez retratados.


Una vez que las obras son recepcionadas pasan a la etapa de evaluación del jurado, que escoge 30 creaciones que conforman la selección oficial que durante el año recorrerá salas y galerías del país.


Cada versión del certamen culmina con el paseo de finalización a algún destino turístico de la ciudad. Es en esta instancia que los artistas tienen la posibilidad de compartir experiencias, conocerse y estrechar lazos, lo que ha hecho de “Valdivia y su río” mucho más que un concurso de pintura.